Movimiento slow living: ¿por qué «no hacer nada» es bueno para nosotros?
La idea de no hacer nada durante un año, sin trabajo, correos electrónicos o progreso en la carrera, solía provocar ansiedad en una sociedad que valoraba la productividad. Hoy, en cambio, suena más como un sueño, un cambio de vibra…
Millennials y la Generación Z están abrazando el concepto de “vida lenta” o #SlowLiving, que promueve la desaceleración y la reducción del ritmo frenético de la vida moderna. Este movimiento, reflejado en tendencias como el quiet quitting y los lazy girl jobs, busca preservar energía para aspectos más significativos de la vida, como el autocuidado. Lo que antes habría provocado ansiedad o desesperación, hoy muchas personas lo ven como una aspiración.
UN AÑO DE NADA
El éxito de obras como A Year of Nothing de Emma Gannon destaca la creciente conciencia sobre la importancia del descanso y la recuperación. Gannon, autora y podcaster, narra cómo un año completo de descanso la ayudó a recuperarse de un agotamiento extremo. Este libro, que se transformó rápidamente en un best seller, destaca la importancia del descanso en nuestra salud física y mental. Gannon reflexiona sobre cómo ignoró señales de advertencia hasta que su cuerpo colapsó, obligándola a detenerse y reevaluar su vida. «Mirando hacia atrás, había muchas señales de alerta… pero las ignoré pensando: ‘Estoy ocupada, tengo que seguir adelante'», comenta Gannon. Su año de descanso incluyó actividades como escribir en un diario, ver programas infantiles y nadar en aguas frías. Gannon reflexiona sobre su experiencia diciendo: “No podía mirar un teléfono, no podía mirar una pantalla, no podía caminar por la calle sin sentirme frágil. Fue el sentimiento de que no puedes salir de esto, de que tienes que parar”, relata.
Este cambio de mentalidad también se refleja en obras como How to Do Nothing: Resisting the Attention Economy de Jenny Odell, que explora cómo la tecnología y las redes sociales nos han llevado a un estado de agotamiento mental, y aboga por reconectar con el mundo natural. Odell es parte de una corriente de autores que promueven la resistencia activa a la expectativa de que cada minuto de nuestro tiempo debe ser productivo.
La presión por optimizar cada aspecto de nuestras vidas es, según Odell y otros, una manifestación del capitalismo, que mide nuestro valor en función de nuestra productividad. Oliver Burkeman, en su libro Four Thousand Weeks, ofrece un enfoque reconfortante al recordarnos que la vida es breve y que nunca lograremos completar todo lo que tenemos en nuestra lista de tareas pendientes.
Ejercer el derecho a hacer nada ha ganado terreno en los últimos años, con libros como Niksen de Olga Mecking, que populariza la idea holandesa de «hacer nada, intencionalmente». Aunque el concepto puede parecer simple, sugiere un cambio significativo en la forma en que abordamos nuestras vidas y nuestro tiempo. Katherine May, en su libro Wintering, explora el poder del descanso y la retirada en tiempos difíciles, subrayando que «ralentizar, dejar que tu tiempo libre se expanda, dormir lo suficiente… descansar se considera un acto radical ahora, pero es esencial». El descanso no es un lujo, sino una necesidad.
UN CAMBIO DE PARADIGMA
El auge de estos libros y conceptos refleja un cambio profundo en la cultura occidental, que ha pasado de glorificar la productividad, a valorar el descanso y la vida lenta. Gannon sugiere que la razón de este cambio es simple: «Todos estamos realmente cansados. Estamos haciendo malabares y luchando para mantener todas las bolas en el aire». La tecnología, en lugar de hacer nuestras vidas más eficientes, ha amplificado nuestras responsabilidades, con la posibilidad de trabajar desde cualquier lugar y en cualquier momento: poder responder correos electrónicos desde nuestros teléfonos no nos hizo más eficientes, solo nos hizo trabajar más. Además, las redes sociales nos alientan a documentar cada aspecto de nuestras vidas, transformando el ocio y las actividades básicas en datos que podemos comparar y mejorar.
La pandemia fue un punto de inflexión crucial en esta tendencia. Para muchos, la pausa obligada en el trabajo y la vida cotidiana brindó una oportunidad para reflexionar sobre la rapidez con la que estábamos viviendo y las prioridades que teníamos. Esta pausa obligatoria hizo que muchos reconsideraran sus vidas y buscaran formas de vivir de manera más lenta y significativa. Sin embargo, este movimiento hacia una vida más lenta no está exento de críticas. Aunque la idea de desacelerar y hacer menos es atractiva, a menudo se asocia con un privilegio económico. Gannon, por ejemplo, es una autora exitosa que ha podido permitirse un año de descanso, algo que no es accesible para todos. Esto plantea la pregunta: ¿Es acaso el “Slow Living” tan solo otra forma de alardear de un estilo de vida privilegiado?
Gannon se apresura a reconocer la suerte que tuvo de poder dejar de trabajar, pero sugiere que se trata más que nada de un cambio de mentalidad: que simplemente permitirse tomarse un día o una semana de descanso puede ayudar. E insiste en que vale la pena recordar el viejo dicho: las mejores cosas de la vida son gratis.
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